La policía de México es salvaje; al igual que aquí en Honduras hay gobernantes asesinos: migrante

  • Y expone, muchos extranjeros han preferido vivir mejor en Puebla,Veracruz, Chiapas  o incluso en Apizaco para enviar unos pesos mexicanos a su familia,refiere en su denuncia.

Abraham Acosta Barba.

En su desesperación por llegar a tierra extranjera, señaló: “Voy a Estados Unidos a ganar dinero, en Honduras no hay trabajo, aquí menos,” dijo en Apizaco un inmigrante Hondureño de paso para el vecino país del norte. Esta corta frase refleja el problema al que se enfrentan muchos inmigrantes extranjeros Centroamericanos.

Con tan sólo 16 Lempiras en su bolsa del pantalón , que es el equivalente a 10 pesos mexicanos, Gustavo Alberto Bográn Coto, originario de Tegucigalpa capital de Honduras, de 68 años de edad, buscará el sueño americano, que hasta el momento se ha convertido para él en un mal sueño, una pesadilla.

La historia comienza tres meses atrás, cuando dejó a su esposa, hijos, nietos, amigos y familia en general en su “querida Tegucigalpa”.

“En Honduras se vive igual que en México, hay corrupción, hambre, los padres venden a sus hijas por unos cuantos dólares, drogadicción, todos los vicios que te puedas imaginar, los gobernantes asesinan a la gente, son unos hijos de la chingada, como aquí, como en Guatemala, como en Nicaragua, donde me ha tocado ver mucho dolor”, relata don Alberto.

Con un rostro lleno de nostalgia, indignación y sufrimiento se pregunta ¿Cuándo acabará esto en el mundo?

Narró además , que su paso por Guatemala fue muy difícil ya que la policía de ahí es muy inhumana, les quitan el poco dinero que traen, la comida, y aparte sufren indiscriminación ya que los golpean y humillan.

“Pero la policía de México es peor, es salvaje, en Chiapas nos desvistieron, nos bañaron con mangueras, y en dos días no nos dieron de comer, al final nos soltaron, pero vi que apartaban a las mujeres, sabrá Dios para qué”, rememoró.

Don Alberto dice sentirse cansado por este trajinar, sin embargo menciona que no se puede quedar en estas tierras porque también el ambiente no es favorable para él, ya que muchas de las personas lo desprecian, lo ven como si fuera delincuente.

Duerme donde le agarre la noche, principalmente debajo de los puentes o de un árbol, o en el quicio de una puerta. En Apizaco se ha quedado en el quiosco la mayoría de las veces, en donde ha pasado, hambre, sed, con enfermedades de las vías respiratorias y en su mayoría solo.

“Me encuentro a los hermanos de mi país, también he visto muchos salvadoreños, nicaragüenses, luego nos juntamos para comer pero al amanecer nos tenemos que separar por miedo a que la policía nos asalte, o nos quite lo poco que nos regala la gente”, dijo.

Señala que muchos de sus paisanos se han quedado a vivir en México YA QUE los Centroamericanos muchas veces aceptan los trabajos humildes que los ciudadanos locales desprecian. Como consecuencia, tienen unas condiciones muy duras de trabajo y salarios muy bajos, además, suelen sufrir mucha discriminación en el lugar de trabajo sólo por el hecho de ser extranjeros.

Y por si eso fuera poco, la mayoría de ellos, prescindiendo de quiénes sean o de dónde traten de establecerse, tienen que afrontar el doloroso proceso de superar la angustia emocional que supone el verse desarraigados de su entorno y el tener que esforzarse por formar nuevos vínculos para el futuro, “nos empezamos a sentir raros, no nos adaptamos”.

La tragedia de perder una primera patria se agrava al no encontrar una segunda.

Don Alberto añorando a su familia suspira hondamente y con una mirada de tristeza dice: “sabrá Dios cómo me vaya”.