Pedro y Juanita viven su soledad y pobreza en Teotlalco, Morelos

  • A ellos, Mamá y el hijo, los cuida Sarita, una mujer de 50 años, que sin ser nada, se da tiempo para llevarles de comer, y darle a los perritos, también sus alimentos.

Bebiéndose sus propias lágrimas que a la postre los tiene en sillas, a Pedro sin dos de sus piernas, y siego, doña Juanita  sin poder oír, aún vive las secuelas del sismo del 19 de septiembre de 7.1 grados Richter  en la población de Teotlalco, Morelos.

Ayer, cobijados por el sol, y luciendo su vestido azul cielo, dona Juanita vio con tristeza como su casita de tres por ciento metros, y con techo de carrizo, quedo cuarteado y desprendido de la barda.

Ante ese claro panorama de soledad y abandono por el esposo e hija, ellos imploran a Dios Todo Poderoso cese este castigo que se  vivió ahí; sus fieles perritos siguen ahí, junto a los dos.

Ahí, Alejandro  Gómez en cuclillas tendió su mano  con  crocretas, mismas que fueron devoradas por el perrito, convertidos en fieles guardianes de mama e hijo, cuyo abandono, además por las autoridades oficiales, incluso por el DIF-Municipal  y del gobierno del estado de Morelos.

Bajo la copa de un árbol, ahí, sentado en su silla de ruedas, Pedro, con un pantalón café roído, el escucho la llegada a su casita de periodistas del colectivo tlaxcalteca, cuyo único fin, fue entregarle una despensa  en sus manos.

Para Sarita, humilde pobladora de este lugar  es quien abraza y lleva comida a Pedro y Juanita; “ellos viven muy abandonados por su esposo y su hija, nunca los vienen ver, y no saben cómo les fue con el temblor.

Abraham Acosta Barba.