Adiós…Chavela Vargas

  • Chavela, disculpa la tristeza, pero hay una pregunta en el aire: a quién se tiene que escuchar para olvidar que ya no estás aquí. En otra circunstancia, en otra despedida, la respuesta obligada eras tú, pero la combinación de tu desgarrada voz, con el dolor de tu partida, vuelve esto insoportable.

Una posible respuesta podría ser algo del cancionero de tu íntimo José Alfredo Jiménez, un repertorio que hiciste tuyo y que cantaste como nadie. “José Alfredo componía pensando en que yo cantara sus canciones”, dijiste en una entrevista y desde el facebook, desde el twitter, a donde también fuiste a meterte, ayer tu horda de fans no dejaron de cantarte, el coro se unió en una serenata cibernética al enterarse de tu partida: “Yo no sé si tu ausencia me mate, aunque tengo mi pecho de acero”, se leía mientras algunos se curaban la resaca, porque tú lo prometiste, no querías morirte en sábado para “no arruinarle la fiesta a nadie” y así fue.

Su amiga la muerte

“Cuántas luces dejaste encendidas yo no sé cómo voy a apagarlas”, rezaban más tarde, tus fieles por las cantinas.

Pero el día que fuera Chavela, y como tú lo cantaste con tu voz quebrada, doliente, rasposa: “Cuando tú te hayas ido amor, me envolverán las sombras”. Pero tu partida tenía que ser en México, porque tú, la bruja mayor, la chamana, así lo decidiste cuando ella vino a darte un ultimátum: “Me encontraré a tú con tú con la muerte. No le tengo miedo; le tengo respeto. ‘Señora aquí estoy, cuando usted quiera’. Mi partida definitiva me parece encantadora, porque yo con la muerte no tengo ningún problema”.

Sabías que en cualquier momento pasaba por ti, y entonces sacaste fuerza y a tus 93 años fuiste a tu patria chica, a España a despedirte de tu poeta de cabecera, de Federico García Lorca, a quien dedicaste tu último disco, al fantasma con el que mejor platicabas cuando te invadían las soledades.

¿Qué le dijiste a Sabina? Cuáles fueron tus palabras para Joaquín, ese con el que compartías dos cosas: el amor por la bebida y las mujeres.

El que dijo que jamás iba a lavar su sofá porque ahí te habías sentado tú, porque ahí lloraron y cantaron juntos en su casa, porque ahí te sacó las palabras de la boca para componerte una canción que no te quedara chica.

¿Y Almodóvar?, el que te convirtió en una Chica Almodóvar, en la cantante oficial de sus películas, ese que te siguió por tus giras en España y dijo que antes que cineasta quería ser recordado como el presentador de Chavela.

¿Qué vino a tu memoria cuando los viste? Qué te dijeron ellos, y otros, porque amigos tenías por montones, que hicieron que se te arrugara el corazón y casi te ‘pelaras’ allá, en tierras extranjeras. Pero sacaste fuerzas y de tu ronco pecho salió un: “Quiero morir en México” y a eso volviste. A despedirte ahora de los tuyos, del país que te abrazó como el padre que nunca tuviste, ese donde casi te desmayas al ver por primera vez un mariachi, esos mismos que le pusieron melodía a una voz que brillaba sola.

‘Quiero morir en México’

Cómo morirte allá, si acá te esperaba José Alfredo, con botella en mano, en el rincón de una cantina, Frida Kahlo, entregándote su corazón ensangrentado, Tomás Méndez para quien fuiste la paloma negra de los excesos, Jorge Negrete al que imitabas de niña, descalza, sola, pobre y luego tomaste del brazo para cantar juntos, el “Indio” Fernández que no se cansó de aplaudirte, la deslumbrante belleza que se sentaba a oírte y tú como un pavorreal porque se trataba de María Felix, Dolores del Río, Liz Taylor y Ava Garner, Agustín Lara, a quien le reprochabas su cursilería y le disputabas las novias, Carlos Monsiváis el cronista de tus parrandas, Mercedes Sosa que lloró tu muerte antes de que te fueras, Carlos Fuentes que te escuchaba a escondidas para inspirarse y así la lista sigue, no con cualquiera, sino con los más grandes de México.

Y de los vivos ni hablar, hacían fila para cantarte, para homenajearte, para sacarte un acorde, para hacer a dueto y gritarle al mundo que cantaron contigo: Lila Downs a la que nombraste tu sucesora, Eugenia León, Concha Buika, Martirio, Tania Libertad, Café Tacvba, La Negra Chagra, Ely Guerra, Miguel Bosé, Luz Casal, Armando Manzanero y también esta lista se hace larga.

Pero te llegó la hora Chavela, y aunque después de unos días hospitalizada en Cuernavaca, lo médicos dijeron que fue por problemas renales y cardiorespiratorios, todo como producto del esfuerzo de tu viaje a España, tu verdad era diferente: “Yo sabía perfectamente bien cuáles eran los costos, y claro que valió la pena. Le dije adiós a Federico, les dije adiós a mis amigos y le dije adiós a España. Y ahora vengo a morir a mi país”, comentaste a tu llegada. Y muy pronto sentiste el llamado de la “Llorona” y empezaste a despedirte con ese himno con el que añorabas te dijeran adiós: “Uno se despide insensiblemente de pequeñas cosas, lo mismo que un árbol, que en tiempo de otoño se queda sin hojas, al fin que la tristeza es la muerte lenta de las simples cosas, esas cosas simples que quedan doliendo en el corazón”.

El ascenso de la chamana

Y entonces, chamana, pediste que no te hicieran ningún tratamiento invasivo porque tenías que irte de forma natural, porque no ibas a morir sino a “trascender”. Entonces ordenaste a tu amiga la periodista María Cortina que te colocara en el pecho el medallón que te regalaron los chamanes huicholes, el cual sólo usas para dar conciertos y así lanzaste tu último suspiro ayer con el corazón contento, porque a ti que desde niña te daban como muerta y mira, llegaste a los 93 años y hasta te diste el lujo de dedicar 20 de ellos nada más para conservarte en alcohol, bien dijiste Chavela que tu hígado lo pondrían en un museo, porque para decir verdad, nadie te dio alcance, nadie como tú se tomó 45 mil litros de tequila y vivió para contarlo, nadie visitó el infierno y salió tan airoso, por eso te vas feliz porque hiciste lo que te dio la gana, porque como lo soñaste de niña te creaste un nombre y una voz y que vozarrón Chavela, porque llegaste con las manos vacías y te vas con honores y el corazón con sobrecupo, con el pueblo llorándote, llamándote “la última grande”, porque México no te dejó huérfana como te dejaron tus padres, ni te dejó morir antes de tiempo, porque volviste a Tepoztlán para amanecer mirando el cerro del Chalchitépetl, porque “uno siempre vuelve a los mismos sitios donde amó la vida”.

Te vas ángel mío

Pero no porque tú te vas feliz, el llanto de tus sus dolientes no se deja sentir, a estas horas, tu enorme grey, tus huérfanos que se cuentan por millones, todos los agremiados a tu voz, con un nudo en la garganta, no dejan de cuestionarse con una de tus máximas composiciones: “¿A dónde te vas paloma? ¿Por qué abandonas el nido?”.

Pero a ti Chavela no se le despide con rezos en el Facebook, ni con condolencias a través de Twitter, ni formalidades, a Chavela Vargas se le despide en el rincón de una cantina, exigiendo un tequila y exigiendo una canción y entonces cuando llegue el estribillo, con la botella en la mano, lágrimas en los ojos y el corazón en los huesos, reprocharte a todo pulmón: ¿Paloma negra, paloma negra, dónde, dónde andarás?, Y cuando estén sirviendo ya la del estribo decirte adiós con un “ojalá que ta vaya muy, pero muy bonito”.

Famosos le dicen adiós

Personalidades del espectáculo hicieron uso de Twitter para despedirse e la intérprete de origen costarricense:

Buen viaje Chavela. Gracias por la musica que nos dejas.”, Aureo Baqueiro

Chavela, ¿dónde andarás?, Gael García Bernal.

¡Ay Chavela! Tú no mueres porque vivirás para siempre en nosotros. Tu voz y tu espíritu nos dan fuerza. Gracias. Descansa en paz”, Julieta Venegas.

Noo, no me lo digan.. Ah ya se me torció el alma.. Adiós Chavela.. bonito viaje nos dejaste maestra.. Vuela Señorona.. Y dile al mundo: ahí te quedas.. Hasta siempre Chavela.. Ya no me lo digan”, Alejandro Sanz.