Nuevo tiempo para alcanzar proyectos del Observador

Feliz Año 2013…La idea de años “buenos” y “malos” entró a nuestra cultura, evidentemente, como herencia de una concepción judeocristiana. José, el soñador del Antiguo Testamento, se ganó la confianza del Faraón interpretando su sueño de siete vacas gordas y siete flacas: siete años de abundancia y otros tantos de escasez, años buenos y malos, pues.
No hay tal. Los años –una convención creada por el ser humano- son un ajuste a nuestra comprensión del espacio y el movimiento. Albert Einstein, paradigma del científico del siglo 20, definía el tiempo simplemente, “como lo que marca mi reloj”.
Hay cambios de estaciones, sí; y de luz, pero al final, en Tlaxcala del 1 de enero del año próximo, será diferente al que estamos viviendo en este momento o experimentaremos mañana al brindar para despedir al Año Viejo y recibir al Nuevo.
La única diferencia será, en todo caso, que en nuestra mente, el primer día del 2014 es el inicio de “algo”. Sentiremos que, de alguna forma, concluimos una etapa. Alcanzamos una meta y podemos emprender nuevos proyectos: tenemos un nuevo tiempo para ello.
Lo “mágico” de estas concepciones, es que, en estas fechas, compartimos con muchísimas personas esa misma percepción de que tenemos frente a nosotros un inicio, que es otra forma de decir: una oportunidad…”la mía es esta”.
Al revisar los acontecimientos de 2013, es inevitable identificar todas las importantísimas reformas que se acordaron en México y en Tlaxcala para tratar de superar muchos de los problemas que no hemos podido resolver como nación, y que como estado se avanzó, sopena de los claroscuros emanados del orticismo.
Sin embargo, las celebraciones por la llegada de 1994 se vieron opacadas por la irrupción en Chiapas de un grupo guerrillero, que parecía inconcebible con el momento histórico planeado por el Gobierno Mexicano: en lugar de un salto cuántico hacia el futuro, nuestra máquina del tiempo nos recordó que había mexicanos viviendo aún como en la Colonia.
Pero el EZLN no sería el único motivo de sobresalto en ese 1994. En marzo asesinaron a Luis Donaldo Colosio, el candidato presidencial del PRI, y meses después los “demonios se soltaron” y José Francisco Ruiz Massieu, otro priísta prominente, también fue acribillado. A dos décadas de aquel “annus horribilis”, el reto de un México más justo y equitativo siguen pendientes.