El Comercio Informal en Tlaxcala… ¿costumbre que debe hacerse ley?

La informalidad es un monstruo  en Tlaxcala que hemos alimentado todos y del que muchos individuos se benefician , y lo peor,  se venden artículos “piratas” y robados en los mercados municipales.

 La informalidad es, todos lo sabemos, uno de los más graves problemas de nuestro País y uno de los motivos fundamentales por los cuales nos mantenemos en el subdesarrollo, ante la falta de empleo.

 

Estamos hablando de uno de los círculos viciosos alentados desde hace tantos años que ya no podemos precisar el momento de su aparición y, por ello, mismo, pareciera que siempre ha estado allí, que forma parte de nuestra esencia misma y es imposible de romper.

 

Permanentemente incapaz de generar las condiciones necesarias para garantizar a todos los mexicanos el acceso a un empleo digno y remunerador, el Estado mexicano ha “tolerado” históricamente la realización de actividades comerciales de carácter informal, pues existe la percepción de que sólo gracias a ello se ha evitado una crisis social.

 

Algo hay de cierto en ello, pero no es ésta la única causa. También han contribuido a la proliferación de las actividades informales el hecho de que quienes viven de ellas son fácilmente incorporados a los esquemas corporativos que sirvieron históricamente —y siguen haciéndolo, si bien en menor escala— de cantera de votos.

 

Finalmente, la informalidad también ha sido alimentada por la ausencia de escrúpulos de no pocos miembros de la clase gobernante, pues una parte de los recursos generados por la denominada economía subterránea termina en los bolsillos de funcionarios corruptos (SEP-SNTE) que venden protección y toda clase de “servicios” a quienes han hecho de ésta su forma de vida.

 

El problema es que la informalidad dejó hace mucho tiempo de ser una “fuente alternativa” de empleo honesto para convertirse, en no pocos casos, en gigantescas redes delincuenciales mediante las cuales se trafica, compra, distribuye y vende toda clase mercancías ilegales en los mercados municipales.

 

Desde la piratería de películas y videojuegos hasta la venta de ropa usada introducida de contrabando al país, la economía informal implica la concreción, todos los días, de miles de actos delictivos en los cuales se ven involucrados millones de personas, voluntaria o involuntariamente.

 

Pero tal actividad se ha vuelto tan “normal”, que quienes la realizan consideran que están legitimados para ello, que tienen “derecho” a comerciar con artículos pirateados, robados o introducidos ilegalmente al país y por ello, como ocurrió el fin de semana anterior en Piedras Negras, cuando las autoridades actúan en su contra consideran que se trata de una agresión.

 
Se trata de un monstruo que hemos alimentado entre todos y del que muchos individuos se benefician. Un monstruo que a todos nos convendría comenzar a liquidar pues cualquier día de estos terminará devorándonos.